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no vino la juez… y FdM hace mediciones del terreno de la comunidad
(escrito el miércoles, 26 de noviembre 2008, por la mañana)
Alojadas en Guasacate, la población de las Salinas -donde vive la comunidad- nos queda bastante lejos (saliendo hacia el norte, más de una hora a pie por la carretera, o saliendo hacia el sur, cruzar el río y caminar 20 minutos por un camino entre los manglares al otro lado de la bocana). El lunes conseguimos conectarnos a Internet y encontramos más información valiosa para continuar investigando sobre el conflicto, particularmente para saber más sobre ciertos individuos que se mencionan en los mensajes del foro de discusión de nicaliving.com No obstante, nunca recibimos noticias sobre la supuesta aparición de la juez el día siguiente (martes). Al caer la noche, Karen y yo decidimos que el martes iríamos a pasar el día en Playa Sardina por si el pueblo se presentaba, con juez o sin juez.
Después de una fantástica sesión de surf matutina (con el mejor amanecer desde que llegué a Nicaragua hace un mes y medio y olas para todos –¡madrugadores only!) desayunamos gallo pinto con huevos (riquísimo, todo recién hecho!) y nos dirigimos a la playa sobre las 8am. Por el camino encontramos a un amigo francés que había visto a unos señores tomando medidas de los terrenos de la comunidad enfrente mismo del pico de Popoyo (en playa Sardina)… ¿se nos iba a presentar un poco de acción? La marea ya estaba subiendo y al cruzar la bocana nos mojamos hasta la mitad de los muslos. Llevábamos la cámara, un par de libretas y algo de comida para pasar el día, además de un par de libros para entreteneros en el caso que nadie de la comunidad o de Flor de Mayo se presentara.
No vimos a los medidores (el amigo los había visto sobre las 7am). Pasamos las lomas y nos instalamos en la zona que habíamos visitado con Julia. Allá tampoco se veía a nadie, aunque de vez en cuando se oían voces u otros tipos de ruidos humanos, que igual venían de la carretera. Se estaba bien: junto con una brisa de temperatura muy agradable, debajo los árboles uno se protegía de los rayos del sol y del calor -en la arena hacía bastante calor porque el sol brillaba como un condenado, cosa que no venía aconteciendo en la última semana. Nos instalamos después de procurarnos unos troncos para sentarnos.
Era un buen lugar para pasar el día pero el panorama se presentaba bastante solitario y, con la marea subiendo, no estábamos seguras de si podríamos volver a pasar frente a la loma de arena en dirección norte. Después del episodio del domingo por la noche con los pandilleros, no queríamos arriesgarnos a quedarnos atrapadas en el lado sur de las lomas, suficientemente lejos del pico de surf para que nadie pudiera vernos si algo acontecía con los hombres del Sr. Christopher (Flor de Mayo). Volvimos, pues, a la zona central de playa Sardina, enfrente del pico de surf, y buscamos cobijo del sol debajo de una cabañita construida por los chicos del pueblo. La compartimos con otras personas durante el resto del día, surfistas locales y un par de internacionales que viven en Guasacate, por lo que terminé por no usar ni mi libro porque estuve entretenida con conversaciones interesantes sobre las olas, el conflicto de tierras y otros temas de interés relacionados con comunidades indígenas afectadas por la corrupción de gente poderosa en Argentina y Chile.
Al final del día, una con tres sesiones de surf y la otra con un par de buenos paseos a pie sobre la arena, Karen y yo salimos para Guasacate sobre las 4:30pm. Antes de cruzar la bocana con la marea bajando vimos unos trabajadores de Flor deMayo llegando a la playa: eran 3 hombres adultos y 2 chicos de unos 18 años como máximo que se disponían a tomar mediciones. Cuando los adultos se separaron un poco nos acercamos a los chicos a preguntar qué medían; “todas estas tierras”, dijeron, “¿pero estas de aquí no son de la comunidad?”, pregunté yo, “no, son todas de Finca Popoyo… van a construir hoteles y cabañas”, “ah…”, finalicé… Tomé una foto más de los medidores, desde la distancia, y pasamos de largo.
En Guasacate hablamos de ello con J, R y su mujer (preferimos no dar nombres aquí). Ellos creen que la acción ya está demorando, que Flor de Mayo se está pasando mucho de la raya con tantas mediciones y vendiendo lotes de tierras que no les pertenecen. R está convencido que por la vía pacífica, con la justicia sólo, no se va a llegar a ninguna parte, porque el dinero de Flor de Mayo está comprando a las autoridades. J cree que lo que se tiene que hacer es que los miembros de la comunidad construyan casas y se vayan a vivir allá, porque lo del campamento es duro -tener un sitio donde hacer el café o comida cuando sea necesario es necesario, dice. Ella ya hace tiempo que se lo dice a Giovanny pero éste prefiere esperar y ver qué pasa con la juez, y, sobretodo, quiere evitar que el pueblo se muestre violento de forma alguna, porque eso daría a Flor de Mayo argumentos para sus constantes denuncias a la comunidad por agresión, hasta ahora falsas.
episodio el domingo
(escrito el domingo, 23 de noviembre 2008, por la noche)
Esta tarde nos reunimos con Giovanny después de unos días de no haber hablado con él -nos había dicho que vendría pero no lo hizo… no nos estresamos al respecto porque es una cosa habitual en Nicaragua. Nos comentó que llevaba unos días haciendo trámites y insistiendo en Tola/Rivas para que un juez venga de una vez por todas a ejecutar la sentencia de Marianela Paredes, desde hace unos 8 meses. Mientras, los pobladores quieren volver a ocupar la tierra bajo disputa, que les pertenece, porque Christopher ha puesto marcas de lotificación y ya está en conversación con distintos compradores potenciales y sienten que no pueden esperar a que el norte-americano avance con eso. Giovanny les ha pedido paciencia y les ha informado que, según la juez, este martes se va a ejecutar la sentencia allá en los terrenos -el pueblo ha aceptado a esperar hasta el martes pero Giovanny está preocupado por lo que pueda pasar si la juez no aparece, incumpliendo su palabra, y el pueblo decide ir al terreno de todas formas.
Mientras hablábamos con Giovanny -intentando resolver dudas que nos habían surgido durante la lectura de los documentos y los artículos de los medios escritos a propósito del conflicto entre Flor de Mayo y la comunidad-, nos pasó un chico por el lado, Giovanny bajó la voz y nos dijo que ese y los otros hombres que estaban fuera son “pandilleros” de Managua contratados por Flor de Mayo (edito 26/nov/08: ayer conversando con un hombre ajeno a la comunidad que tiene amigos “pandilleros”, supe que les dan 3 armas a cada uno y que no tienen ningún problema con disparar a quién sea). Miré a través de las puertas de cristal y vi a más de uno mirándonos fijamente con cara de malas pulgas. Luego entró otro, y al poco ya estaban todos sentados alrededor de una mesa al otro lado del bar-restaurant del hotel. Giovanny decidió oportuno irse, por lo que pudiera pasar. Nos despedimos y Karen y yo nos quedamos un rato más sentadas en la mesa, un tanto nerviosas. Uno de los chicos nos pasó por el lado sin motivo aparente alguno, excepto, pensamos, para vernos la cara a las dos.
Karen y yo estábamos un poco intranquilas: hablamos un poco del tema y como nos sentíamos incómodas tan cerca de los pandilleros, decidimos irnos al albergue del otro lado de la calle. Creímos oportuno no dar pistas de que nos alojamos en aquel hotel, así que no subimos a la habitación antes de estar seguras que el grupo de mercenarios se hubiera ido -dejamos pasar más tiempo del necesario, desconociendo que se habían largado atravesando el río en marea seca.
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Nos decimos que quizá corremos algún riesgo, pero al fin y al cabo, esto forma parte del acompañamiento protectivo que hemos elegido hacer. Si todo sale bien, el martes nos presentaremos en los terrenos con cualquier otro extranjero que se quiera unir a nosotras para observar y, si cabe, pacificar, la ejecución de la sentencia que pasó Marianela Paredes hace meses, en la cual se deja claro que la comunidad posee esa tierra de la costa de Playa Sardina y que Flor de Mayo debe parar de molestar y agredir a los pobladores, además de pagar una indemnización.
usurpación de terrenos en Playa Sardina (Popoyo)
El miércoles, 19 de noviembre Julia nos enseñó parte del terreno disputado a lo largo de Playa Sardina (Tola, Rivas, Nicaragua).
Cruzamos el río sobre las 15:15, con marea baja a media, cuando se notaba que comenzaría a subir rápidamente.
Sabíamos que era un poco tarde y nos mojaríamos el culo al cruzar el río a la vuelta, pero no nos importaba porque queríamos ver esas tierras tan codiciadas por Flor de Mayo y la comunidad indígena de las Salinas de Nahualapa.
Caminamos tranquilamente por la arena de la playa de Sardinas, pasando de largo una loma repleta de árboles a la izquierda, ramitas, trozos de madera y conchas en el suelo y
algunos surfistas a la derecha, sentados en sus tablas dentro del agua, esperando que alguna olita apareciera de la nada, porque en esos días el mar estaba muy calmadito. Pasada la pequeña colina, dejamos a la izquierda una zona un poco más baja y luego se nos apareció otra loma que empezaba a agrietarse como resultado del agua que debió deslizarse con fuerza por el pendiente en la temporada de lluvias. Al fondo, enfrente, podíamos ver
ya desde la esquina de la bocana y cada vez más cerca, dos majestuosos hoteles surgiendo como setas en la colina que se sitúa enfrente de las rocas que dividen las playas Sardinas y Santana (?? confirmar).
Llegamos al lugar en qué Julia pensaba que íbamos a encontrar a los pobladores construyendo un muro nuevo pero no vimos a nadie. Yo observaba el lugar con admiración y apenas llegaba a interpretar todo lo que mis ojos y oídos podían captar. LEFT: 048 Se trataba de un rincón de mundo precioso, muy verde y de temperatura agradable, buen abrigo para el sol y la lluvia. Al mismo tiempo intentaba generar mapas mentales del terreno… ¿dónde terminaba lo que pertenece a Flor de Mayo y dónde empezaba lo que la comunidad reclama como suyo?
Vimos un cerco de alambre y madera destrozado. En la zona que ocupábamos, el cerco reseguía una carretera antigua y, aunque se apreciaban algunos pequeños postes
de madera, el alambre a menudo se había collado a árboles. Al intentar abrir el cerco, el alambre había permanecido colgando de los árboles aproximadamente la altura de la cintura. Caminamos más al sur y continuamos viendo el cerco cortado; luego una zona más limpia bajo los árboles testimoniaba la superficie que ocupó el campamento que la comunidad mantuvo durante meses para defender su tierra. Pregunté a Julia sobre el campamento y nos explicó que deberían ser unas 500 personas tomando turnos, porque cada uno tenía que intentar continuar con sus actividades cotidianas pero también era necesaria una fuerte presencia de gente allá. Los indígenas abandonaron el campamento en agosto 2008 después de sufrir distintas amenazas y agresiones con armas por parte del Sr. Christopher en persona, un socio y sus trabajadores.
El campamento era necesario para prevenir la invasión de la tierra, ya que ese terreno colindante con la costa no está permanentemente habitado: los pobladores de las Salinas de Nahualapa viven en el pueblo, a lo largo de la carretera actual, no inmediatamente frente al mar.
Finalmente observamos unas estacas en el suelo que claramente marcaban alguna cosa pero no supimos qué; estaban alineadas en el terreno de Christopher y continuaban hasta la arena en el terreno de la comunidad.
De vuelta, cada una caminó a su ritmo, disfrutando del masaje de la arena en la planta de los pies, el sol cayendo encima del mar, la brisa marina acariciándonos la piel y los palitos de madera y la conchas decorando la arena que pisábamos, oscurecida por las olas que de vez en cuando llegaban a nuestra altura empujadas por la marea creciendo.
d17: fruitful visit
Yesterday I went to Rivas and Las Salinas and our meeting with Geovanny was very fruitful. I’ll tell you more about it next week after he has talked to the community and we are invited to go meet them again at the site.
Keep your fingers crossed for us!










